Domingo, 2 de Agosto del 2026

Comer palomas a lo Picasso


Cuenta la leyenda que cuando Don Pablo tenía su taller en Montmartre, Paris, comía palomas... No era un gusto personal peculiar, sino una forma de enfrentar la miseria de sus primeros años en el arte. Luego, como todos sabemos, la rompió, la descosió y se hizo millonario y etcétera. Sin embargo, sus inicios fueron los de un cazador. Resuelto a transitar la experiencia, salí de mi taller en el Once y por momentos en mi fantasía artística la sinagoga de la otra cuadra se convirtió en el Sacré-Cœur. Como sabía de antemano que era una actividad prohibida en la ciudad de Buenos Aires, lo de cazar una paloma, lo tenía que hacer como se dice "con carpa", sotto voce, y por eso elegí una madrugada fría de julio para evitar miradas ajenas. Llegué al parque más cercano y allí estaba mi posible víctima entre tantas. Saqué un puñado de maíz y lo tiré cerca de mí. Ellas se fueron acercando tímidamente. Sabía que tenía que ganarme su confianza, por lo que repetí lo de tirar maíz varias veces hasta que una de ellas se acercó lo suficiente y di el zarpazo. La agarré fuerte porque se resistió y la metí en una bolsa de supermercado. En la vuelta al taller no pude evitar cruzarme con algunas personas, pero ya que logré inmovilizarla no "se levantó la perdiz" (o la paloma en este caso). 

La hdp se resistía. Hacía fuerza con las alas y no se cansaba. Ya en el taller decidí soltarla un poco y comenzó a revolotear dentro de la bolsa. Ahora venía el paso dos, quitarle la vida a la presa. ¿Cómo lo haría Picasso? ¿Con un martillo? ¿Estrangulándola? Quizás asfixiándola en la bolsa, algo que al parecer estaba por suceder porque cada vez se movía menos. Decidí ese camino. Esperé a que ya no se moviera y comencé a planear el paso tres, limpiarla de plumas y vísceras. Saqué a la paloma de la bolsa ya inmóvil pero de repente la hdp comenzó a aletear, se me escapó de las manos y comenzó a volar dentro del taller. Podía entender su enojo y desesperación. Voló en círculos un rato y mientras lo hacía cagó sobre un cuadro que estaba haciendo. Todo una declaración de principios... Al rato se posó exhausta sobre un corner del techo agarrándose de la moldura. Me miraba moviendo la cabecita de lado a lado estudiando todos mis movimientos. Luego de unos momentos hubo una comunicación entre nosotros. Fue como si la paloma me dijera, "dale, loco, ya fue, dejame ir", y volvió a cagar manchando esta vez la pared. Comprendí mi fracaso, abrí la puerta y al rato salió volando hacia el cielo otra vez. ¿Le habrá pasado a Pablo esto alguna vez? Incomprobable, tampoco hay testimonios al respecto como el que yo dejo acá. Miré la cagada de la paloma sobre mi pintura y vi que esa mancha había resuelto algo en su composición. Me quedé con eso y agradecí la ayuda involuntaria (o no) de mi ex cautiva. No, no volví a intentarlo.