Domingo, 8 de Diciembre del 2024

Sueño imposible 1


Estaba en el antiguo edificio de Obras Públicas, un lugar con problemas cartesianos de vieja índole. Con un compañero de trabajo diseñábamos un plan inútil, otro más. Debía subir hasta cierto piso, doblar a la derecha, luego a la izquierda y cuando el pasillo terminara abrir la puerta a mi izquierda. Concreté las coordenadas. Al salir por esa puerta estaba en la ciudad de Roma, cerca de la estación de Términi. La reconocí por el descuido cuidado de las calles de allá. No me hice preguntas, no las necesitaba. Caminé un rato bajo el apacible sol romano. Al poco tiempo volví y al traspasar esa misma puerta estaba otra vez en el pasillo oscuro, con su piso de madera descuidado, la luz verdosa de los tubos fluorescentes y las puertas iguales cada cinco metros. 

Al terminar la jornada regresé a casa. Ya estaba haciendo planes para pasar algún tiempo en Roma al otro día cuando algunos cuadros por hacer reclamaron existir, como siempre pasaba cuando estaba lejos del taller. Esa noche, al apoyar mi cabeza en la almohada, decidí que antes debía hacer algo que tenía pendiente. Me convertí en mi nave con forma de bolita y desde el tablero de comandos la guié en la noche hasta el cielo. Debajo, como a 20 mil metros estaba la Buenos aires encendida. En vez de vuelo libre, podría haber optado por él, decidí poner en el comando la dirección a donde quería ir y así en una cámara lenta vertiginosa llegué hasta un bar, bajé de mi nave bolita y me eché una meada en la puerta.